Flautas (1)

Recomendación de mis colaboradores, «deberías tener una sección donde hables de tus aventuras, tus experiencias, tus…». Inaguro pues esta sección con un trabajo presentado en la Facultad de Historia de la Universidad de Salamanca, el trabajo fue dirigido por Matilde Olarte Martínez.

El título fue «flautas», Matilde impartía en aquellos años, entre otras, la asignatura de folklore, su intención fue que hablara sobre flautas populares, después se verá por qué decidimos cambiar el título.

Dado que era un trabajo de clase no consideré adecuado el capítulo agradecimientos, al hacerlo público me considero en la obligación de agradecer. Por supuesto a Alberto Jambrina, que puso a mi disposición su colección y que me puso en contacto con Joaquín Díaz y con Luis Delgado. En Urueña hay colecciones importantes y muy recomendables para visitarlas, la colección de la fundación Joaquín Díaz, escasa en flautas y riquísima en otros aspectos del folclore y el Museo de la Música de Luis Delgado, por supuesto hay muchísimas otras manifestaciones culturales en Urueña, pero el trabajo está en relación con las flautas. Mi más sincero agradecimiento a Joaquín y a Luis por permitirme tocar, medir y… todo lo que necesité para este trabajo que ahora publico. Faltaría más, a Matilde por sus enseñanzas y ayuda.

Han pasado años desde que presenté el trabajo, no diré cuantos, entre tanto mi colección ha aumentado, así como mis conocimientos, modificaré pues algo de lo que hice en su momento y ampliaré o suprimiré lo que considere necesario.

Sin más comienzo la primera parte del mismo.

Introducción

Una vez expulsado Caín de la presencia de Yahvé habitó en la región de Nod, al oriente del Edén.

«Conoció Caín a su mujer, que concibió y parió a Enoc […]. A Enoc le nació Irad, e Irad engendró a Mejuyael:  Meyuyael a  Matusael y Matusael a Lamec. Lamec tomó dos mujeres, una de nombre Ada, otra de nombre Sela. Ada parió a Jabel que fue el padre de los que habitan tiendas y pastorean. El nombre de su hermano fue Jubal, el padre de cuantos tocan la cítara y la flauta». Génesis 4, 17-21.

Dejemos a los exegetas la misión de explicar cómo pudo Caín encontrar mujer habiendo en el mundo una sola, Eva, su madre, y centrémonos en los flautistas.

Una vez que Yahvé vio que el hombre era malo decidió exterminarlo de la faz de la tierra mandando un diluvio, pero Noé halló gracia a los ojos de Yahvé y fue salvado junto a su mujer, sus hijos y las mujeres de sus hijos.

Ahora bien, Noé no desciende ni de Caín ni de Jubal, sino de Set, el tercer hijo de Adán (Génesis 5).

¿Qué pasó entonces con los flautistas?. Supuestamente fuimos exterminados con el Diluvio, pero afortunadamente (al menos para mi) seguimos existiendo. En los testamentos apócrifos encontramos la explicación a este problema:

«Cuando Noé y su familia pudieron por fin abandonar el arca sembraron semillas, plantaron una viña e hicieron el vino nuevo. Pero apenas lo bebió Noé se emborrachó, y al quedarse dormido se le desnudaron las vergüenzas.

Cam lo vio desnudo pero no lo cubrió. Y después de reírse de él fue a llamar a sus hermanos para contarles lo sucedido.

[…]

Cuando Noé se despertó del sueño provocado por la embriaguez y se enteró por su mujer de lo sucedido, se enfadó mucho con Cam.

-¡Maldito sea Canaán!- gritó-. Por su comportamiento merecerá ser el siervo de sus hermanos». (LOCATELLI, Atilio, ed. Testamentos Apócrifos. Barcelona: Ediciones Martínez Roca, 1999 p. 60).

Analizando este párrafo una exégesis del siglo IV sostenía:

«[…] Cuando Canaán creció y se convirtió en un joven , Satanás lo poseyó y fue su maestro en el pecado, renovando la obra de la casa de Caín, gracias a las flautas y a las cítaras, pues los demonios y los diablos entraron en los instrumentos. Cuando el aire salía a través de ellos, los demonios hacían salir sus cantos y emitían su fuerte voz». (LOCATELLI, op. cit, p. 65).

¿Qué tiene de especial este instrumento que levanta tanto pasiones como odios?. Los instrumentos musicales producen el sonido por medio de la vibración de algún material; así tenemos:

  1. litófonos o idiófonos, en los que vibra un material rígido;
  2. membranófonos, en los que vibra un material elástico en el que no predomina ninguna dimensión en especial (se ha de tensar en todo su perímetro);
  3. cordófonos, en los que vibra un material elástico en el que la longitud predomina notoriamente sobre la anchura (se tensa solo en sus dos extremos)
  4. electrófonos, en los que vibra una corriente eléctrica (mucha gente piensa que un ejemplo sería la guitarra eléctrica; sin embargo, ésta es un cordófono en él la electricidad sólo sirve para amplificar el sonido que producen las cuerdas. Un ejemplo de electrófono sería el sintetizador);
  5. y, por último, los aerófonos, en los que vibra el aire.

En todos los casos la vibración se transmite por un medio adecuado, generalmente el aire, y llega a un receptor, en nuestro caso al oído.

Vamos a centrarnos por un momento en los aerófonos. El aire que hacemos vibrar puede ser el aire ambiental. Sólo hay un instrumento de este tipo: el zumbador (también llamado zumbadora, bramador, bramadora, rombo, etc.). También podemos hacer vibrar el aire que está encerrado en un receptáculo (generalmente un tubo). En este caso la vibración se produce por presiones y descompresiones del aire que contiene.

Hay varias formas de hacer vibrar el aire encerrado, así tenemos aerófonos de tres tipos:

  1. con lengüeta (doble o simple);
  2. con boquilla (algunos especialistas los incluyen en el grupo anterior al considerar que los labios del intérprete funcionan como lengüetas dobles naturales);
  3. y finalmente de bisel.

Al primer grupo pertenecerían los clarinetes (lengüeta simple) o los oboes (lengüeta doble), por poner sólo dos ejemplos. En éstos se hace vibrar una lámina elástica contra una de las aberturas del instrumento (lengüeta simple) o contra otra lámina del mismo material (lengüeta doble) por medio del aire que se introduce a través de ella. La vibración así producida se transmite al aire encerrado.

Al segundo grupo pertenecen todos los instrumentos que tradicionalmente se llaman de viento metal. En éstos la vibración de los labios del instrumentista (a modo de doble lengüeta) se transmite al aire encerrado por medio del soplo.

Al tercer grupo pertenecen las flautas. En éstas el aire choca contra una arista o borde creando una turbulencia que se transmite al aire encerrado haciendo que vibre. Es decir, el aire vibra por medio del aire y el sonido que produce se transmite también por el aire. Aire, aire, aire… Es el aerófono llevado a las últimas consecuencias, el aerófono en estado puro, el único miembro de este numeroso grupo (junto con el zumbador) que no necesita de ningún material externo para sonar, que no necesita de ningún «ruido» extra (como el que producen lengüetas o labios) para regalarnos con ese sonido puro y natural y exento de cualquier mestizaje.

Analicemos un poco más el sonido. Hemos visto que para que se produzca necesitamos un material que vibre, un material que transmita esta vibración y un receptor. Todavía hay más. Un sonido tiene cuatro parámetros: duración, intensidad, altura y timbre. La duración es el tiempo en el cual es percibida la vibración, se mide en unidades de tiempo. En el caso de las flautas la duración es mucha, tanta como permita la capacidad pulmonar del flautista (con técnicas especiales, respiración circular, consiste esta técnica en inspirar y soplar simultáneamente, en teoría la duración podría ser eterna). En otros instrumentos (cuerda pulsada, por poner un ejemplo) el sonido dura hasta que se extingue. La intensidad es el volumen; se mide en decibelios y depende de la amplitud de la onda. Las flautas no se encuentran entre los instrumentos con mayor volumen. La altura o tono depende de la frecuencia (podemos definir la frecuencia como el número de vibraciones por unidad de tiempo). Cuanto mayor es la frecuencia, más agudo es el sonido y viceversa. Las flautas se encuentran entre los instrumentos más agudos que existen. El timbre es la cualidad que nos permite distinguir dos sonidos que tengan todos los parámetros anteriores iguales y distinto origen. Depende de la disposición de los armónicos (un sonido puro apenas es perceptible, lo normal es que se agrupen varios. A estos sonidos se les llama armónicos. Al sonido más potente se le llama fundamental. En el caso de que nos encontremos con armónicos relacionados proporcionalmente, duplos, triplos, etc, con la frecuencia de la fundamental nos encontraremos con un sonido de altura precisa, en caso contrario nos encontraríamos con lo que vulgarmente se llama ruido). En el caso de las flautas los armónicos son pocos.

En este trabajo se habla de las flautas, instrumento que se ha extendido por los cinco continentes y es, y ha sido, utilizado por casi todas las culturas que existen y han existido. Mi primera intención fue hablar de flautas populares, pero inmediatamente surgieron las dudas; ¿qué es lo popular y qué es lo «otro»?. Lo popular es lo que conoce y utiliza el pueblo. En el caso de los instrumentos podríamos añadir: los que construye el pueblo. Pero, desengañémonos, la flauta de pico y la travesera son más conocidas que la gaita charra o el shakuhachi, que sólo son conocidas y utilizadas por reducidos grupos de especialistas o por algunas personas que viven cerca de sus áreas de uso. Por otra parte, podemos casi asegurar que la mayor parte de los instrumentos utilizados en el primer mundo son construidos por especialistas, aunque sean artesanos. Podríamos dar otra definición de instrumentos populares: los que se utilizan en la música de tradición oral, pero aquí surgen todavía más problemas. El canto gregoriano se transmitió oralmente durante mucho tiempo y no por ello salió del ámbito del culto cristiano o dejó de ser interpretado exclusivamente por especialistas. La música escrita tiene también mucho de transmisión oral (afortunadamente la partitura no es algo exacto), lo que hace que haya tantas escuelas, tanto desde el punto de vista interpretativo como desde la técnica, no olvidemos a la moda que hace variar también las interpretaciones o las nuevas técnicas. Por último, podemos añadir que muchos instrumentos han pasado de un lado a otro o han pertenecido a ambos «bandos» simultáneamente a lo largo de la historia o en la actualidad, el ejemplo más claro es la guitarra.

Ante la dificultad de definir qué hay que entender por popular, creo que será más adecuado no limitar el trabajo y afrontar, en la medida de lo posible el estudio de todas las flautas. Para ello, utilizaré siempre que pueda el análisis del instrumento real, ya sea de colecciones particulares o de fondos de museos, y en los demás casos descripciones de catálogos, libros, artículos, etc., dando especial importancia a las grabaciones para describir timbres o características que se puedan apreciar en las mismas.


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