
En un artículo anterior hablaba de las matracas, parece que es tiempo de campanas, ya acabó la semana santa.
No tengo campanas en el museo, abultan mucho, mi casa no es suficientemente grande, además son caras, me conformo con campanillas y similares.

Campanillas de cristal compradas en Tokyo. Tienen la particularidad de que el badajo tiene una cuerda a la que se ata un papel, el viento mueve éste y la campanillas suena. Hay templos y jardines con cientos de estas campanillas, es interesante escucharlas. Ignoro si además de un efecto encantador tienen otros beneficios de tipo espiritual.

Similar a las anteriores, la única diferencia es que es de metal. También comprada en Tokyo.

Campanilla «ho ho ho». Comprada en Salamanca en fechas próximas a la navidad, supuestamente para imitar a Papá Noel, de ahí el nombre que he decidido ponerle.

Comprada en Amsterdam, la utilizaba para que mi vecino del cuarto, yo vivía en el primero, se comunicara conmigo. Había una cuerda y un sistema muy raro para hacerla sonar.

Campanilla de cerámica comprada en Salamanca.

Cencerros. Nunca he comprendido el motivo por el cual dos instrumentos tan parecidos tengan diferente nombre. La única diferencia, según la RAE, es la fabricación que es más tosca en el caso del cencerro.
Estos cencerros son donación de mi amigo Enrique Blanco, compró muchos para fabricar un hamtletizador, instrumento que también ha donado, estos fueron los que le sobraron. El hamtletizador tendrá un artículo en el futuro.

No recuerdo como llegó este a la colección, es muy parecido a los anteriores, puede servir de llavero.

Comprado en el Chaco paraguayo, en una colonia menonita. Según me contaron los ancianos indígenas lo llevaban por si tenían algún incidente y poder ser encontrados por el sonido.

Comprado en Salamanca en una tienda de artículos de caza y pesca, ignoro su uso en dichas actividades.

Cencerro en miniatura para uso musical. No tiene badajo, se toca con una baqueta. Comprado en Cali, Colombia.

Mortero. Tampoco entiendo la diferencia de nombre. Quizás la campana desciende del mortero. El uso común a varias especialidades de un objeto es habitual en el género humano.
Al parecer mi abuela lo tocaba con gran maestría, ignoro dónde está el que usó ella, estuvo en casa de mi madre desde que tengo memoria, al fallecer no se quién lo guardó, tampoco me quita el sueño.

Mortero comprado en Santarén, Brasil, ciudad en la cuenca del Amazonas. Me hizo gracia la tienda, era la típica que tiene de todo, comida,cuerdas, tornillos, cuero,… Compré aquí para su expedición por la selva, o para ir a buscar oro, o para…

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